MÁSTER PARA BEBÉS
Escrito por Angeles, o 27 Agosto 2010 14:50

Comunicación por signos antes de aprender a decir `mamá´, clases de inglés a partir de los tres meses, `mates´ desde los dos años… Bienvenidos al mundo de la estimulación temprana. ¿Sirve para algo o es sólo una moda que maquilla las carencias del sistema educativo? ¿Puede determinar el futuro profesional de nuestros hijos o hemos caído en la última trampa de la industria de servicios a la paternidad? El debate no ha hecho más que empezar.
La clase ha terminado y los niños se despiden de la `seño´. Durante una hora, los 15 alumnos han estudiado inglés y matemáticas, han recibido una lección de educación vial, han repasado los mamíferos y han contemplado un autorretrato de Van Gogh.
Cuando los papás les preguntan lo que han hecho, responden a su manera. Maitane aún está impresionada con la biografía de Van Gogh, y recuerda vagamente que se cortó una oreja «porque le dolía la cabeza». Un ‘compi’ la corrige: «Tenía malita la cabeza», aludiendo a la enajenación del genio. «Tenía malito el ‘celebro’», matiza otro, afinando el diagnóstico. «Se mareaba», deduce Maitane. «Estaba sordo de una oreja», sentencia Claudia.
Los alumnos de este centro bilingüe de estimulación temprana Brisbane, de Castro Urdiales (Cantabria), tienen entre 18 meses y tres años de edad. No se han enterado demasiado, pero no importa. «En ningún momento perseguimos que el niño memorice ni repita nada. El objetivo no es ése. Lo que buscamos es crear nuevas conexiones y circuitos neuronales, dotar al niño de habilidades que le sirvan para toda su vida, y crear en él nuevos intereses a la vez que satisfacemos su enorme curiosidad», explica Rosina Uriarte, la directora del centro, que sigue el método del doctor Glenn Doman, cuyas investigaciones se centraron, al principio, en la rehabilitación de niños con lesiones cerebrales y que, a la vista de los resultados, decidió aplicarlas también a bebés sanos. Su técnica más conocida es la de los bits de inteligencia, unas cartulinas con estímulos visuales: palabras, conjuntos matemáticos e imágenes de enciclopedia. La clase va a toda máquina. «A esas edades, las actividades tienen que ser breves y rápidas, o se pierde la atención del niño. En los bits les mostramos planetas, animales, arquitectura… Son colecciones de diez imágenes que les enseñas durante diez días seguidos, mientras se las nombras a un volumen más alto del habitual. Es el mismo principio que el de los anuncios de la tele, que de tanto repetirlos te los aprendes sin querer. Hay que pasarles las imágenes deprisa, porque si no se aburren. Siempre quieren más», describe Uriarte.
Todas las actividades son en inglés y en español. «Hasta los cuatro años el cerebro está estructuralmente preparado para la adquisición de lenguajes. Es lo que los teóricos denominan la ventana temporal. Una vez pasada esta edad se cierra la ventana y el aprendizaje de las lenguas va a suponer grandes esfuerzos. La razón es que todos los idiomas utilizan las mismas frecuencias bajas. Sin embargo, las frecuencias más altas difieren mucho. El inglés, por ejemplo, utiliza una gran variedad de sonidos agudos, que van desde los 2.000 a los 12.000 hercios. El castellano usa frecuencias de 1.000 a 3.000 hercios. En la práctica, somos ‘sordos’ ante las frecuencias utilizadas en otros idiomas. Pero si los niños las escuchan desde muy pequeños, se crean circuitos entre las neuronas. Cuando les contamos un cuento en inglés no pretendemos que lo entiendan. Lo que queremos es consolidar esos circuitos cerebrales para que se conviertan, a largo plazo, en autopistas de información», expone la educadora.
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Ver o artigo completo en XL SEMANAL, 22 de agosto de 2010

“El País.com” recolle unha entrevista ao psiquiatra de bebés e embarazos, Thomas Verny, na que mantén que (…) uno de los aspectos que mejor se ha estudiado es el efecto del sonido en los fetos “en el último trimestre, que es cuando se desarrolla el oído”. En ese tiempo, los futuros bebés ya están formados, y con técnicas de imagen se puede captar la reacción ante algunos estímulos. “Yo he visto por ultrasonidos a un feto sonreír al oír la voz de su padre”, dice. Y cuenta otro caso no sólo de reacción, sino de memoria: “El director de orquesta Boris Brott contaba que cuando estaba estudiando música se dio cuenta de que en algunas partituras podía anticipar cómo iba a seguir la melodía del chelo. Le preguntó a su madre, que es concertista de ese instrumento, y ella le contó que esas eran precisamente las piezas que estaba ensayando durante el embarazo”. También atribuye a esta memoria temprana que un bebé se calme cuando oye a su madre tararear las canciones que cantaba durante la gestación.












